Gasto público, solidaridad y demagogia

Hay dos maneras de acometer la gestión de gasto público que pueden generar votos pero que difícilmente redundarán en beneficios para la ciudadanía:

  • Ahorrar, obtener superávit, a costa de no invertir en necesidades básicas para el pueblo, como pueden ser la mejora de la sanidad, la educación o medidas destinadas a fomentar el empleo: De esta manera se consiguen grandes titulares, dando a entender o incluso clamando explícitamente, que los gestores anteriores eran incompetentes, cuando la realidad es que se han eliminado gastos indispensables que estos realizaban. Esta política es, sobre todo, propia de épocas de crisis y puede ir o no acompañada de una bajada de impuestos.

Cuando se da esta bajada de impuestos, a menudo sólo afecta a las rentas más altas, pero una eficaz, que no moral, campaña propagandística puede hacer que sea percibida como deseable por otros sectores del electorado.

  • Derrochar a costa de las arcas públicas en inversiones que no cubren las necesidades básicas del pueblo: Dos caras de idéntica moneda, se proyectan y ponen en marcha proyectos megalíticos que no responden a demanda alguna o esta está sobredimensionada: aeropuertos, carreteras que no conducen a ninguna parte, instalaciones con veleidades industriales o empresariales, dotaciones para eventos deportivos que nunca se desarrollan, y un largo etc. Esta política suele darse en épocas de bonanza económica, generalmente sin un soporte sólido sobre la que asentarse, las desgraciadamente célebres burbujas. Se genera una falsa sensación de desarrollo, de camino hacia el pleno empleo y el bienestar. Espejismos.

Cuando esta situación de crecimiento económico se revierte abruptamente, el resultado es el abandono de infraestructuras, a medio construir o ya terminadas, a las que no se les da uso alguno y cuyo coste suele exceder en mucho del inicialmente presupuestado, contando además con un mantenimiento del todo inasumible.

Mientras que el inicio de estas obras fue anunciado a bombo y platillo, ocupando portadas y arranques de informativos, su paralización o caída en desuso se procura esconder bajo la alfombra, justificándola o responsabilizando a quienes vienen detrás.

Ambos extremos son sencillos, ahorrar a costa de no gastar o gastar a costa de no planificar. Lo complicado es lograr el equilibrio entre inversión y fuentes de financiación, entre implicar a administraciones competentes y obtener fondos propios vía impuestos, entre cubrir necesidades y contener el gasto público. Planificación, negociación, racionalidad, sistema de prioridades y capacidad de reacción ante imprevistos, se convierten en conceptos claves para este modo de entender la administración local, autonómica o estatal.

En el PSOE de Alhaurín de la Torre somos conscientes de que nos encontramos ante la mayor crisis económica, sanitaria, social y de empleo que ha vivido nuestro país en las últimas décadas. Hay que añadir que dicha crisis no ha venido precedida por una época especialmente benévola ni se ha podido prever. Además, desconocemos aún cual será su alcance y cómo será el panorama tras la superación de esta. Aun tomando las perspectivas y previsiones más halagüeñas, el sistema educativo público, la atención sanitaria y el fomento del empleo duradero y de calidad, absorberán, o deberían absorber, gran parte del gasto público.

Por todo ello somos cautelosos a la hora de acometer proyectos desorbitados, optando en primer lugar que son indispensables para el bienestar de nuestros vecinos y vecinas, abogamos por ajustar los presupuestos a los beneficios obtenidos, sean estos o no de carácter económico, y por el diálogo y la negociación con las administraciones provinciales, autonómicas o nacionales, competentes para cofinanciar las inversiones.

Pedimos por lo tanto a nuestro Ayuntamiento, y a su cabeza más visible, nuestro alcalde, Joaquín Vilanova, que nos atengamos más a modelos como el futuro Cuartel de la Guardia Civil, ya presupuestado por el Gobierno de España y que cubre una necesidad irrenunciable y urgente, que al Teatro tal y como lo han presentado, sin ningún compromiso firme de colaboración de la Diputación de Málaga ni de la Junta de Andalucía y que se va a iniciar contando únicamente con fondos municipales.

Aprender de lo vivido y proyectarlo en lo que vendrá, puede ser la clave para superar la crisis en la que estamos inmersos y aquellas que se puedan presentar. Colaboremos para que así sea.

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